Toda excavación que supera el metro y medio de profundidad cambia de categoría: deja de ser una faena de movimiento de tierras y pasa a ser un espacio con riesgo de sepultamiento. Esa distinción, que parece administrativa, es la que ordena el resto de las decisiones en terreno.
Antes de romper el terreno
El reconocimiento previo del terreno y el catastro de instalaciones subterráneas evitan la mayoría de los incidentes graves. Antes de mover una máquina verificamos planos de servicios, ejecutamos calicatas de comprobación y definimos el talud o la entibación según el tipo de suelo.
Durante la ejecución
- Accesos y salidas cada 7,5 metros en zanjas de más de 1,2 m.
- Material excavado a un mínimo de 60 cm del borde.
- Inspección diaria del talud, y siempre después de una lluvia.
- Señalización perimetral y control de circulación de maquinaria.
Ninguna de estas medidas es cara. Lo caro es detener una obra por un derrumbe que era previsible.
